La rutina nocturna de Lily, de ocho años, y su padre David parecía normal, hasta que sus aterradores gritos rompían el silencio. Cada noche lloraba: “¡Por favor, no! ¡Me duele!”, retorciéndose de miedo. Los psicólogos lo atribuían al estrés, pero David sentía que había algo más oscuro.
Una noche decidió quedarse despierto y vio una sombra cerca de su cama, que se movía de manera extraña y desaparecía al acercarse. Al investigar más, David encontró en el ático una vieja foto familiar donde la misma sombra aparecía junto a Lily. La investigación reveló el oscuro pasado de la casa: décadas atrás, un niño había desaparecido misteriosamente allí, con rumores de juego sucio.
David consultó a un historiador paranormal, quien explicó que el espíritu del niño perdido estaba acechando a Lily, confundiéndola con una compañera. Involucró a las autoridades y se reabrió el caso. Se descubrieron restos ocultos en las paredes, confirmando la presencia del fantasma.
Con la verdad revelada, las pesadillas de Lily terminaron, y ambos encontraron paz, liberando un alma atormentada y trayendo luz a un pasado oscuro.

