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Cuando el silencio cortó más profundo que el vidrio roto

«La noche en que el trofeo se rompió» no solo marcó un hito, sino también una fractura demasiado profunda para ignorarla. Al volver de la graduación llevaba mi toga y mi medalla, pero no me esperaba el abrazo orgulloso de mi padre. En la cocina, el aire pesaba con un dolor no dicho. Sus ojos tenían algo oscuro y desconocido.

Murmuró palabras que me dejaron helada: «Esto… esto no es por lo que deberías luchar». La frustración era aguda, pero debajo había miedo, arrepentimiento, quizá un duelo que ya no podía ocultar.

Nos sentamos uno frente al otro, con años de silencio entre nosotros. Quise hablar de mi madre, pero él cortó: «No la traigas aquí». Aun así insistí: «Ella creía en mí».

En sus ojos vi al hombre tras la ira, vacío por la pérdida. «Lo intento, Sophie», susurró. Fue tembloroso, vulnerable, pero rompió el silencio.

Esa noche recogí los pedazos del trofeo roto. Nuestro vínculo no era perfecto, pero elegí creer que podía repararse.

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When Silence Cut Deeper Than Broken Glass

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