La selva amazónica se extendía a mi alrededor, su densa vegetación actuando como un capullo protector mientras me arrastraba hasta la orilla fangosa del río. Mi corazón latía con fuerza, no solo por el esfuerzo físico, sino por la traición que aún dolía como una herida fresca. Me detuve un momento para recuperar la compostura, mientras el caos de la selva llenaba el aire: los llamados lejanos de aves exóticas, el susurro de criaturas invisibles y el zumbido constante de los insectos.
Sentado allí, comprendí que mi supervivencia no era solo resistencia física, sino un testimonio de mi determinación. No permitiría que ganaran. Había construido mi imperio con tenacidad y astucia, y usaría esas mismas habilidades para enfrentar la amenaza de mi propia familia.
Recuperado, inicié el arduo regreso a la civilización, cada paso entre la maleza recordándome mi resiliencia y dándome tiempo para planear mi siguiente movimiento: recuperar mi vida y el control de mi imperio.

