A las 2:17 p.m. de un tranquilo martes, la operadora del 911, Vanessa Gómez, contestó una llamada que la marcaría para siempre.
Una voz temblorosa susurró: “Fue mi papá y su amigo. Por favor… ayúdeme.”
La niña era Liliana, de ocho años, sola en casa y con un fuerte dolor abdominal. Vanessa mantuvo la calma mientras rastreaba la llamada. El oficial José López llegó y encontró a la pequeña pálida, frágil y con el vientre anormalmente hinchado.
En el hospital, la doctora Carter descubrió la terrible verdad: el cuerpo de Liliana estaba lleno de quistes parasitarios implantados deliberadamente. La detective Elena Morales destapó el horror: el padre de la niña, Manuel, y su amigo Raimundo la habían envenenado para participar en un experimento ilegal a cambio de dinero.
Tras una cirugía urgente, Liliana sobrevivió. Los culpables fueron arrestados.
Vanessa la visitó en el hospital y le susurró: “Ya estás a salvo.”
Esa llamada, pensó, le rompió el corazón… pero también salvó una vida.

