Mi hermana organizó una fiesta en la piscina para el cumpleaños de su hija e invitó a toda la familia. A mi pequeña le encanta nadar, así que estábamos muy emocionadas por ir. Al principio, todo era perfecto: risas, chapoteos y alegría por todas partes. Pero cuando llegó el momento de que los niños se metieran al agua, noté algo extraño.
Todos los niños estaban nadando, menos mi hija, que se quedó a un lado, confundida. Cuando preguntó con voz bajita si podía entrar, mi hermana le respondió bruscamente: “No”. Vi cómo los ojos de mi niña se llenaban de lágrimas mientras observaba a los demás jugar. Sentí una rabia enorme y fui a pedirle explicaciones a mi hermana.
Ella me miró fríamente y dijo: “Porque nuestros padres siempre te quisieron más, y ahora también quieren más a tu hija. No voy a dejar que se lleve toda la atención hoy”.
Sus palabras me dejaron helada. Tomé la mano de mi hija y nos fuimos. Ese día comprendí que los celos pueden destruir incluso a una familia.

