Cuando una persona querida fallece, es común que en medio del dolor y la confusión se tomen decisiones apresuradas al ordenar sus pertenencias. Sin embargo, el artículo aconseja no desechar cuatro tipos de objetos que guardan un valor emocional y simbólico irremplazable.
Primero, cartas y notas escritas a mano: leer su letra y palabras puede brindar consuelo en los momentos más difíciles. Segundo, fotografías y grabaciones familiares, que preservan rostros, voces y recuerdos imposibles de reemplazar. Tercero, joyas y accesorios personales, objetos que acompañaron su vida diaria y se convierten en vínculos tangibles con su memoria. Por último, documentos importantes como testamentos, escrituras o certificados, que tienen valor tanto emocional como práctico.
El texto invita a tomarse el tiempo necesario antes de tirar algo. En el proceso de duelo, conservar ciertos objetos puede ayudar a sanar y mantener viva la conexión con quien partió.

