En un anuncio que ha dejado atónitos tanto a aliados como a críticos, el expresidente Donald Trump presentó una propuesta que promete redefinir el panorama financiero para millones de familias estadounidenses. El plan, llamado “Cuentas Trump”, otorgaría a cada bebé nacido dentro de un periodo de cuatro años una cuenta de inversión de 1.000 dólares financiada por el gobierno, cuyo crecimiento dependería directamente del rendimiento del mercado bursátil. Para muchos hogares que nunca han tenido acceso a oportunidades de creación de riqueza, la idea de un fondo que crezca desde el nacimiento suena casi revolucionaria. Sus defensores imaginan a una generación entrando a la adultez con un respaldo económico real.
Pero tras el entusiasmo emergen dudas inquietantes. ¿Qué ocurre si el mercado se desploma? ¿Quién administrará esos fondos y bajo qué regulaciones? Los críticos temen que, sin estrictas garantías, estas cuentas se conviertan en una apuesta riesgosa hecha en nombre de los más vulnerables.

