El camino de Jennie Wilklow hacia la maternidad comenzó con un dolor inesperado y una valentía extraordinaria. Su embarazo había sido normal, pero a las 34 semanas tuvo que someterse a una cesárea de emergencia. Jennie escuchó brevemente el llanto de su bebé y sintió alivio, hasta que la sala quedó en silencio. En minutos, los médicos observaron con asombro cómo la piel de la recién nacida se endurecía y se agrietaba. Horas después, Jennie supo que su hija, Anna, tenía ictiosis arlequín, un raro trastorno genético que hace que la piel crezca demasiado rápido y puede poner en riesgo la vida.
Los médicos advirtieron que el pronóstico era desfavorable, pero Anna luchó durante sus primeros días críticos. Jennie se dedicó a cuidarla sin descanso: largos baños, vaselina cada dos horas y vigilancia constante contra infecciones. Entre miedo y cansancio, mantenía pequeñas esperanzas, como vestir algún día a su hija con un lindo atuendo.
Con el tiempo, su temor se convirtió en determinación. Jennie compartió su historia en Instagram para crear conciencia y mostrar que la fuerza y la belleza pueden tomar muchas formas.

