Cuando Pirates of the Caribbean: La maldición del Perla Negra se estrenó en 2003, pocos podían anticipar el fenómeno cultural que generaría. El público quedó inmediatamente cautivado por el excéntrico e impredecible Capitán Jack Sparrow, cuyo ingenio y carisma redefinieron al pirata en pantalla: más que un saqueador despiadado, se convirtió en un antihéroe encantador. Su sombrero tricorne, barba trenzada y su andar tambaleante crearon un personaje inolvidable, cuyas aventuras simbolizaban libertad, misterio y la emoción del mar abierto.
La franquicia creció hasta convertirse en una de las más exitosas de Disney, con cinco películas que recaudaron miles de millones en todo el mundo. Más allá del éxito en taquilla, Jack Sparrow se convirtió en un ícono global, inspirando innumerables imitaciones, mercancía y atracciones en parques temáticos. La química del elenco —Orlando Bloom como Will Turner y Keira Knightley como Elizabeth Swann— dio vida a mundos de oro maldito, barcos fantasmas y criaturas míticas.

Casi dos décadas después, el elenco y los personajes han evolucionado, pero el legado de Jack sigue intacto. Piratas del Caribe demuestra cómo un héroe carismático y defectuoso puede cautivar a millones, manteniendo vivo el espíritu de la aventura.

