Cuando Piratas del Caribe: La Maldición del Perla Negra llegó a los cines en 2003, nadie imaginó el fenómeno cultural que estaba por desatarse. El mundo quedó inmediatamente cautivado por el excéntrico y sorprendente Capitán Jack Sparrow, un pirata tan ingenioso como impredecible que rompió con todos los clichés del género. Con su andar tambaleante, su mirada pícara y su humor afilado, Jack no fue solo un personaje: se convirtió en una leyenda.
La saga pronto se transformó en una de las más exitosas de Disney, recaudando miles de millones y creando una base de fans gigantesca. Jack Sparrow se volvió un icono global—imitado, citado y celebrado en fiestas, parques temáticos y en toda la cultura pop. Junto a él, la química entre Orlando Bloom y Keira Knightley impulsó aventuras llenas de tesoros malditos, barcos fantasma y criaturas míticas.

Casi dos décadas después, todo ha cambiado… excepto su legado. Piratas del Caribe demostró que un héroe imperfecto y carismático puede redefinir un género y mantener viva la llama de la aventura para generaciones.

