El ejército de Estados Unidos ha confirmado un nuevo y controvertido despliegue: 200 marines estadounidenses serán enviados a Florida para apoyar a la agencia de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Esta medida forma parte de un plan más amplio para reforzar las operaciones de ICE en estados con alta tensión migratoria, como Florida, Texas y Luisiana.
Según las autoridades, los marines no participarán en arrestos ni en tareas de aplicación de la ley. Su función se limitará estrictamente a labores logísticas y administrativas dentro de los centros de detención de ICE, como apoyo operativo y gestión interna, con el objetivo de liberar a los agentes para otras responsabilidades.
Aun así, la decisión ha generado una fuerte reacción pública. Para muchos críticos, la presencia de personal militar uniformado junto a agentes de ICE transmite una imagen preocupante y difumina la línea entre las fuerzas armadas y las agencias civiles.
Por otro lado, quienes defienden la medida aseguran que es legal y necesaria para aliviar la presión operativa. El debate continúa creciendo, con opiniones divididas en todo el país.

