Una impactante tendencia de belleza se ha extendido en internet: el tatuaje del globo ocular. Fotos de personas con ojos negros, rojos o azul hielo suelen volverse virales, y muchos creen que el efecto proviene de lentes o edición. En realidad, el pigmento se inyecta directamente en la esclerótica, la parte blanca del ojo, cambiando su color de forma permanente.
La práctica surgió en comunidades de modificación corporal clandestinas, no en clínicas médicas. Como no existen pigmentos aprobados ni procedimientos estandarizados, los riesgos son muy altos. Los médicos advierten que el ojo es extremadamente delicado y no está preparado para contener sustancias extrañas.

Entre las complicaciones reportadas están dolor crónico, sensibilidad a la luz, infecciones, inflamación, visión borrosa e incluso ceguera parcial o total. En casos extremos, se ha perdido el ojo por completo. Los problemas pueden aparecer meses o años después, cuando las imágenes virales ya dejaron de circular.

Para algunos es una forma de expresión radical, pero otros la consideran peligrosamente irreversible. Surge entonces una pregunta: ¿hasta dónde llega la libertad personal cuando la vista puede perderse para siempre?

