Bajo un título alarmante, la historia no trata de ninguna guerra real, sino de una lección inesperada en un pequeño pueblo rural. Durante una feria ganadera, un hacendado llamado Don Ernesto ofreció su rancho a quien lograra montar a “El Diablo”, un caballo salvaje e imposible de controlar. Muchos vaqueros experimentados lo intentaron y fracasaron, siendo derribados en segundos.
Entonces apareció una joven humilde que nadie conocía. En lugar de usar fuerza o miedo, se acercó con calma, habló suavemente al animal y le ofreció comida. Poco a poco ganó su confianza. El caballo dejó de resistirse y permitió que ella lo montara, sorprendiendo a todos los presentes.
El hacendado cumplió su promesa parcialmente, entregándole una valiosa parte del terreno y un puesto como entrenadora. La joven explicó que no había dominado al animal, sino que lo había comprendido.
La historia se volvió famosa en la región, recordando que la paciencia y el respeto pueden lograr más que la fuerza bruta.

