Una madre que transformó su vida al perder 16½ stone (más de 100 kilos) quedó sorprendida después de que le dijeran que podría necesitar subir de peso para calificar a una cirugía de eliminación de piel sobrante a través del NHS. Tras años luchando contra la obesidad, decidió adoptar hábitos más saludables, mejorando su alimentación y realizando ejercicio con regularidad. La impresionante pérdida de peso mejoró su movilidad, su autoestima y su salud en general.
Sin embargo, el cambio drástico dejó una gran cantidad de piel suelta, lo que le provoca molestias físicas, infecciones cutáneas y angustia emocional. Con la esperanza de completar su proceso, solicitó la cirugía reconstructiva mediante el sistema público de salud. En lugar de recibir la aprobación, le informaron que su índice de masa corporal (IMC) actual podría ser demasiado bajo para cumplir con los criterios locales de financiación, por lo que tendría que aumentar de peso para poder optar al procedimiento.

La decisión la dejó frustrada y confundida, ya que trabajó arduamente para alcanzar un peso saludable. Su caso ha generado debate sobre los requisitos del NHS y si realmente apoyan a quienes enfrentan las consecuencias físicas y psicológicas tras una gran pérdida de peso.

