En la Ciudad de México, las autoridades desarticularon un grupo criminal cuyo actuar horrorizó a la comunidad. Durante más de un año, la banda había estado secuestrando perros—tanto callejeros como mascotas—para utilizar su carne en tacos vendidos en más de 20 puestos callejeros de la ciudad. Los vecinos de la colonia “El Perrito Triste” habían notado la desaparición de mascotas y olores extraños provenientes de un almacén abandonado, pero la magnitud del crimen solo se reveló tras un aterrador grito durante la madrugada que motivó un llamado al 911.
La policía halló una escena macabra: ganchos, cubetas de plástico con sangre y una especie de adobo rojo, y montones de pieles de perro. Tres sospechosos, conocidos como “El Carnicero”, “El Tripas” y “La Doña Salsa”, fueron capturados mientras operaban un molino de carne, mezclando los restos con especias para ocultar el crimen. Sorprendentemente, admitieron que los clientes nunca notaban la diferencia y elogiaban el sabor como “exótico”.
Las detenciones provocaron indignación en la comunidad, mientras las autoridades reforzaban inspecciones y advertían sobre la vigilancia para evitar que estas atrocidades se repitieran, dejando una marca imborrable en la ciudad.

