En un tranquilo barrio suburbano, una cita aparentemente normal terminó convirtiéndose en uno de los casos de acoso más extraños de la era digital, planteando preguntas sobre obsesión, rechazo y límites en las relaciones modernas.
La mujer, ahora visible en una foto policial, aparece serena con el uniforme naranja de la cárcel y una expresión difícil de interpretar. Sin embargo, los investigadores la acusan de haber enviado a un hombre que apenas conocía la increíble cifra de 159.000 mensajes de texto tras una sola cita.
Amigos cuentan que el encuentro fue común: cena, conversación agradable y una breve caminata. Pero después de despedirse comenzaron los mensajes. Primero fueron saludos y confesiones; luego se transformaron en reproches, súplicas emocionales y exigencias de respuesta cuando él dejó de contestar.
El hombre la bloqueó varias veces, pero ella supuestamente encontró nuevas formas de contactarlo hasta que intervino la policía y fue detenida sin resistencia.
El caso ha abierto un debate sobre salud mental, apego digital y acoso, recordando que el contacto insistente no deseado sigue siendo hostigamiento.
