La gripe, o influenza, es una infección viral que afecta la nariz, la garganta y los pulmones. A diferencia de la gastroenteritis, no causa diarrea ni vómitos. La mayoría de las personas se recuperan sin tratamiento médico, aunque en algunos casos puede ser grave o mortal. La vacunación anual es la mejor forma de prevención, ya que reduce el riesgo de complicaciones, especialmente en personas vulnerables. Además, mantener una buena higiene, lavarse las manos y ventilar los espacios ayuda a evitar el contagio.
Los síntomas suelen aparecer rápidamente, entre dos y tres días después del contagio, y son más intensos que los de un resfriado. Incluyen fiebre, tos, dolor de cabeza, dolores musculares, cansancio extremo, escalofríos y sudoración. En niños, también pueden presentarse irritabilidad, dolor de oído, vómitos o diarrea.
Se recomienda acudir al médico si existen factores de riesgo o síntomas graves como dificultad para respirar, dolor en el pecho, confusión, deshidratación o debilidad extrema.

