A veces la vida nos coloca al borde de un momento extraordinario, sin saber si presenciaremos un desastre o un milagro. Esto ocurrió recientemente en un concurrido tren de cercanías. Lo que empezó como un viaje normal de 45 minutos se volvió aterrador a las 5:45 p. m., cuando los sensores activaron la alarma de emergencia.
El conductor descubrió un coche averiado en las vías e inmediatamente accionó los frenos. Los pasajeros se prepararon mientras el tren chirriaba, incapaz de detenerse a tiempo.
Entonces llegó un giro asombroso: varios transeúntes en la estación, que ya intentaban alertar a la tripulación, corrieron hacia las vías, instando al conductor del coche a moverse. En un último esfuerzo, el vehículo logró apartarse mientras el tren avanzaba a toda velocidad, deteniéndose a escasos centímetros.
Dentro, los viajeros, conmocionados, comprendieron lo cerca que estuvieron de la tragedia. Las autoridades elogiaron al conductor, pero atribuyeron a la valentía del público el haber evitado el desastre. Fue un testimonio inolvidable de heroísmo y sincronía.

