Un solo mensaje interrumpe tu día: “El pago de $2,000 de Trump ya salió—revisa si estás en la lista.” Parece inocente, pero su objetivo es despertar curiosidad y FOMO. David, escéptico pero intrigado, hace clic y llega a un sitio llamado LedgerWatch. Parece legítimo, pero no pide datos bancarios ni de tarjetas; en cambio, lo mantiene ocupado—lee artículos, pasa el cursor, desplaza la página—participando sin saberlo en una “trampa sutil”.
Los estafadores no buscan dinero; están construyendo un perfil de comportamiento. Cada pausa, desplazamiento y movimiento del ratón mapea la curiosidad, escepticismo y susceptibilidad de David a palabras financieras y políticas. Estos datos son más valiosos que un robo inmediato: pueden venderse o usarse para manipularlo repetidamente.
La experiencia de David revela una realidad digital: la influencia viene por diseño, no por fuerza. Para protegerte, nunca confíes en mensajes gubernamentales no solicitados, ignora enlaces “casi verdaderos” y evita interactuar. En la economía de vigilancia, no eres el cliente: eres el producto. La única defensa es no participar.

