Durante el funeral de Charlie Kirk, entre los miles de asistentes que acudieron a rendir homenaje, su viuda Erika Kirk conmovió a todos con un gesto de mano sutil pero profundamente emotivo. De pie frente a la multitud, levantó su mano izquierda y extendió el pulgar, el índice y el meñique: el signo en lengua de señas estadounidense para “Te amo”, apuntando hacia arriba como si enviara ese mensaje a su esposo en el cielo.
Ese gesto se convirtió en el centro de atención, resonando con más fuerza que cualquier discurso. Simbolizaba no solo su amor, sino también una despedida silenciosa y un vínculo que trascendía el escenario. En ese instante, la multitud sintió su dolor, fe y devoción como nunca.
Erika también aprovechó su momento en el podio para perdonar al hombre acusado de asesinar a su esposo, citando su fe cristiana y llamando a la reconciliación. Prometió continuar el trabajo de Charlie, asegurando que su misión no terminaría con su muerte.

