En las horas previas a la presunta captura de Nicolás Maduro, se desarrolló una intensa secuencia de mensajes, reuniones y versiones contradictorias que hoy están bajo escrutinio. Según distintos relatos, Maduro mantuvo apariciones públicas con tono confiado, mientras su entorno insistía en que la seguridad presidencial estaba completamente controlada. Al mismo tiempo, comenzaron a circular versiones sobre movimientos inusuales dentro del alto mando y reuniones de emergencia a puertas cerradas.
Desde el exterior, se hablaba de una aceleración de decisiones políticas y operativas, con comunicaciones estratégicas que habrían aumentado en las horas finales. En paralelo, las redes sociales se inundaron de rumores, videos fuera de contexto y afirmaciones no verificadas, lo que generó confusión tanto dentro como fuera de Venezuela.
Tras conocerse la noticia, voceros oficiales ofrecieron explicaciones parciales y mensajes destinados a mantener la calma, mientras líderes aliados y opositores reaccionaban con cautela. La falta de información confirmada dejó más preguntas que respuestas, convirtiendo esas horas previas en un rompecabezas político marcado por el secretismo, la tensión y versiones enfrentadas.

