En la noche de mi boda, mi esposo me humilló llevándose a su amante y obligándome a presenciarlo todo. Creí que ese era el peor momento de mi vida, hasta que una hora después recibí un mensaje que lo cambió todo. Una foto antigua mostraba a mi esposo reunido con mi padre, fallecido meses antes. Pronto descubrí la verdad: mi matrimonio había sido planeado para que él pudiera quedarse con mi herencia. Mi padre había modificado su testamento, y mi esposo lo sabía. Peor aún, su muerte no fue natural.
Un abogado me confirmó que existían pruebas de fraude, bigamia y asesinato. Mi padre había dejado todo preparado para protegerme si algo salía mal. Esa misma mañana enfrenté a mi esposo y lo dejé. Horas después fue arrestado junto a su cómplice.
El juicio lo condenó a prisión y recuperé todo lo que era mío. Aquella noche no perdí mi vida: recuperé mi libertad y mi dignidad.

