Las redes sociales han roto, sin duda, el viejo y asfixiante molde de la belleza. Mujeres de todos los tamaños, colores y formas finalmente se ven reflejadas en sus pantallas, y esa visibilidad ha suavizado décadas de vergüenza. La “nueva” mujer estadounidense promedio ahora usa una talla 16–18, y para muchas, saberlo trae alivio: ya no son las excepciones que les hicieron creer.
Pero junto a esta liberación existe una realidad más silenciosa y preocupante. Las tasas de obesidad han aumentado, los estilos de vida se han vuelto más sedentarios y para millones, desplazarse por el móvil ha reemplazado el movimiento físico. Aunque la positividad corporal ha ayudado a rechazar ideales tóxicos, no puede borrar los riesgos médicos asociados al exceso de peso: enfermedades cardíacas, diabetes, apnea del sueño y más.
El verdadero desafío ahora es el equilibrio: proteger la dignidad y la representación sin dejar de decir la verdad sobre la salud. La belleza puede ser diversa, pero la necesidad de bienestar es universal.

