Después de descubrir que mi esposo me engañaba, mi mundo se derrumbó. Me culpó, diciendo que había dejado de ser “una mujer”, y hasta mi familia lo apoyó. Herida y furiosa, decidí vengarme de la peor manera: acostándome con el primer hombre que encontrara. En la calle vi a uno con ropa vieja comiendo un pan y pensé que era un vagabundo. Mi esposo enloqueció cuando lo supo, y nos divorciamos poco después.
Semanas más tarde descubrí que estaba embarazada. Al principio pensé en no tener al bebé, pero algo dentro de mí me dijo que debía seguir adelante. Nueve meses después, en el hospital, quedé paralizada: aquel “vagabundo” estaba frente a mí, con bata blanca… era médico. La vergüenza me invadió, pero él solo dijo: “Todo saldrá bien.” Ayudó en el parto y después reconoció al niño. Con el tiempo entendí que ese supuesto vagabundo fue el único hombre verdadero en mi vida.

