En ese momento entendí que estaba sola, ya no como una joven que dependía de su familia, sino como una Marine frente a su comando. Ellos eran ahora mi verdadera familia, quienes reconocían mi valor y luchaban a mi lado. No sabía cómo enfrentaría las consecuencias de aquella tragedia, pero tenía claro que no dejaría que me destruyera.
La voz del general retumbó: “¡Sáquenlo de aquí!”. Jacob fue escoltado por la policía militar mientras el silencio se rompía en murmullos de indignación. Mis compañeros Marines me rodearon como un muro de apoyo mientras los médicos atendían mis heridas. Había perdido algo preciado, un sueño que crecía dentro de mí, pero en su lugar nació un fuego nuevo.
En las semanas siguientes, mis hermanos de armas me sostuvieron. Comprendí que esa era la verdadera familia. Me convertí en defensora de quienes sufren violencia, usando mi historia para darles voz. Hoy me alzo no como víctima, sino como sobreviviente. Soy Serena Waller. Soy Marine. Y no seré silenciada.

