Cuando un padre nota una mancha grande y repentina en el pie de su hijo, acompañada de dolor o dificultad para caminar, puede resultar muy alarmante. Una explicación común para este tipo de marca es un ampolla de sangre, un pequeño bulto de color rojo oscuro o púrpura que se forma cuando los diminutos vasos sanguíneos debajo de la piel se rompen y se acumula sangre justo debajo de la superficie. Estas ampollas suelen aparecer por presión, fricción o golpes leves, y muchas veces parecen más graves de lo que realmente son.
Las ampollas de sangre generalmente son inofensivas y se curan solas en una o dos semanas, aunque pueden ser dolorosas o incómodas. Aparecen con frecuencia en los dedos de las manos y los pies, especialmente cuando los zapatos aprietan o rozan la piel. El cuidado en casa incluye reducir la presión sobre la zona, limpiar suavemente y cubrir con vendajes sueltos si es necesario. Es importante no reventar la ampolla, ya que la piel que la cubre protege contra infecciones.
Si la ampolla crece, duele demasiado, muestra signos de infección o aparece repetidamente sin motivo claro, se debe consultar a un médico. En la mayoría de los casos, sin embargo, las ampollas de sangre se resuelven con cuidados simples y tiempo, brindando tranquilidad a padres e hijos.

