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Momentos robados, segundas oportunidades

Creyó que su historia había terminado la noche en que él se marchó. El silencio posterior fue una tormenta que desgarró cada parte de quien creía ser. Las noches se desdibujaban, los días se sentían vacíos y cada recuerdo era más profundo que el anterior. Pero entre los escombros, algo salvaje e inquebrantable comenzó a surgir en su interior. Una mujer que no se conformaba, que no se achicaba, que no se disculpaba por quererlo todo. Y cuando el pasado llama a la puerta…

Él se fue, y con él se fue el futuro que había memorizado hasta el más mínimo detalle. Durante un tiempo, midió los días por lo que le faltaba: su voz, su tacto, la forma en que solía decir su nombre. Sin embargo, en la quietud que siguió, descubrió algo que él nunca le había dado: a sí misma. Honesta, amable y con una confianza inquebrantable, aprendió que el desamor no era un final, sino una puerta.

Ahora se encuentra en ese umbral, no rogando por amor, sino invitándolo. Sabe que la vida siempre traerá un nuevo amanecer, incluso después de la noche más oscura. Esta vez, no persigue la felicidad de nadie. Abre su corazón a las posibilidades, a los riesgos, a manos desconocidas que la alcanzan. En algún lugar, una nueva propuesta la espera, y por fin está lista para decir sí: a la vida, al amor y a lo que venga después.

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