A los 56 años, una mujer quedó impactada al descubrir que estaba embarazada… o al menos eso creía. Varias pruebas mostraron el mismo resultado: dos líneas brillantes. Llena de emoción, lloró de alegría, sin imaginar que algo así pudiera sucederle a su edad. Durante meses, vivió con ilusión, sintiendo que su vientre crecía y sus movimientos se volvían más lentos. A pesar de las advertencias médicas sobre los riesgos de un embarazo tardío, se aferró a la esperanza.
El día del supuesto parto llegó y acudió al hospital con entusiasmo. Sin embargo, al examinarla, el médico se puso pálido: algo no estaba bien. Tras varias pruebas, le revelaron la dura verdad: no estaba embarazada. Lo que crecía en su abdomen era un enorme tumor. Las pruebas habían reaccionado a cambios hormonales causados por esa masa, un fenómeno médico muy raro.
Por fortuna, el tumor resultó benigno y fue extirpado con éxito. Aunque no se convirtió en madre, redescubrió el valor de la vida y la oportunidad de empezar de nuevo.

