Una senadora estatal de Colorado ha muerto, y nada en ese tramo de la carretera volverá a sentirse igual. Sirenas, metal retorcido y cinco vehículos destrozados convirtieron un trayecto cotidiano al anochecer en una tragedia repentina. En cuestión de segundos, una líder política en ascenso perdió la vida, dejando a una familia destrozada, a colegas conmocionados y a todo un estado intentando asimilar la pérdida.
La muerte de Faith Winter ha sacudido a Colorado no solo por su cargo en el Senado, sino por la historia humana que había detrás del título. Madre, prometida y compañera respetada, dedicó más de una década a forjar una reputación como defensora incansable de carreteras más seguras, aire más limpio y familias trabajadoras. La ironía es dolorosa: perdió la vida en el mismo tipo de autopista que luchó por mejorar.
Cuando el sonido de las sirenas se apagó en la I-25, quedó el eco del trabajo inconcluso y una ausencia profunda. Deja atrás a sus hijos, Tobin y Sienna, y a su prometido, Matt Gray. Su escaño será ocupado y sus iniciativas continuarán, pero su voz no podrá ser reemplazada.

