Tras la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia y la creciente presión de Estados Unidos, la Unión Europea se enfrenta a una cuestión antes considerada improbable: si puede defenderse en un gran conflicto. Durante décadas, Europa dependió de la diplomacia, los vínculos económicos y las garantías de seguridad lideradas por EE. UU. Ahora los líderes temen que esas suposiciones ya no se mantengan.
Los gobiernos de la UE han comenzado a acelerar los esfuerzos de defensa. Un paquete de apoyo de 90.000 millones de euros para Ucrania y nuevas iniciativas militares buscan reforzar la disuasión antes de 2030. Funcionarios de la OTAN advierten que una amenaza directa al territorio de la alianza podría surgir en cinco años, mientras varios ministros europeos dicen que el riesgo de conflicto ya no es teórico.
La opinión pública, sin embargo, va por detrás de la urgencia política. Las encuestas muestran que la mayoría de los europeos no está dispuesta a luchar por las fronteras de la UE, aunque la preocupación por la presión rusa es mayor en los países más cercanos a Moscú. Miembros orientales como Polonia, los Estados bálticos, Finlandia y Suecia ya están preparando a los civiles mediante simulacros, educación de defensa y planificación de emergencias.
A nivel de la UE, el gasto en defensa superó los 300.000 millones de euros en 2024. La estrategia “Preparación 2030” busca el movimiento rápido de tropas a través de fronteras, infraestructuras mejoradas y un sistema de “Schengen militar” para eliminar la burocracia. El programa ReArm Europe y nuevos préstamos conjuntos de adquisición pretenden unificar industrias de defensa fragmentadas y acelerar la producción de armas.
Al mismo tiempo, Washington exige mayor responsabilidad europea, esperando que los aliados de la OTAN amplíen significativamente el gasto militar en la próxima década. Funcionarios europeos temen que la dependencia de la protección estadounidense pueda debilitarse, empujándolos hacia una mayor autonomía estratégica.
Sin embargo, persisten obstáculos estructurales: adquisiciones lentas, retrasos regulatorios y equipos incompatibles entre los ejércitos nacionales. Aunque las solicitudes de financiación ya suman decenas de miles de millones para defensa aérea y sistemas de armas, los analistas advierten que reconstruir la capacidad militar tras décadas de subinversión llevará tiempo.
El debate europeo ha cambiado. La cuestión ya no es si debe prepararse para un conflicto, sino si puede hacerlo con suficiente rapidez.

