Durante el proceso judicial, el tribunal escuchó que la menor fue víctima de violencia repetida durante un largo período. Las pruebas presentadas indicaron múltiples lesiones, incluidas fracturas y otras señales compatibles con abusos continuos. La fiscalía describió el caso como un patrón sostenido de crueldad profundamente impactante.
Tras la muerte de Sara, el padre y la madrastra abandonaron el país, pero posteriormente fueron detenidos y devueltos al Reino Unido para enfrentar la justicia. El jurado los declaró culpables de asesinato y ahora enfrentan largas condenas de prisión.
El caso ha generado una fuerte conmoción pública y ha reavivado el debate sobre los sistemas de protección infantil, planteando interrogantes sobre cómo pudieron pasar desapercibidas las señales de abuso y qué medidas pueden adoptarse para evitar tragedias similares.

