En los pasillos de Kensington, se dice que Kate Middleton atraviesa una profunda angustia por las dificultades escolares del príncipe George. Lo que comenzó como retos normales se ha convertido en una carga emocional que la afecta profundamente.
Como madre, sufre al ver a su hijo luchar con la presión y las expectativas de su papel real; como duquesa, debe mantener la serenidad ante la mirada pública. Fuentes cercanas aseguran que Kate ha buscado apoyo de asesores y especialistas para ayudar a George a adaptarse, pero cada revés la hiere.

Teme además que los medios distorsionen la situación, exponiendo vulnerabilidades familiares. Aun así, Kate se esfuerza por protegerlo, ajustando rutinas y promoviendo comprensión en su entorno escolar. Su fortaleza radica en su amor maternal y su esperanza de que George crezca más fuerte y feliz, lejos del ruido mediático, en la calidez silenciosa de su hogar.

